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Adeje 5 de Septiembre de 2008
Adeje: miedo a la critica de los políticos
Cuando alguien se pone en la política activa, de inmediato pasa
a ser un hombre público y sus actividades públicas están sometidas a la crítica de los demás. Claro está, que nunca la critica debe tocar el aspecto privado de la persona.
El ejercicio de crítica, derecho de todos y cada uno de los ciudadanos, a las actividades políticas y públicas de los políticos es parte del juego democrático. Sólo en el totalitarismo, este derecho, esta función, no está admitida.

La crítica a cualquier político y a su actividad puede no ser compartida por el criticado y molestar mucho. Si el político criticado no comparte el contenido de la crítica, usualmente tiene dos vías para oponerse. La primera, la más democrática, está en invitar el crítico a una confrontación que aclare las diversas posiciones. La segunda, la más seguida por quien no sabe navegar en el mar de la democracia, la de enfrentarse al crítico con irritación y, a veces, con amenazas de revancha, muchas veces confundiendo la crítica a las actividades públicas como un ataque a su persona privada.

Cuando el criticado elija esta segunda vía siempre, repito, siempre, es porque la denuncia ha dado en el clavo. Aún más: si el político la acompaña con amenazas, velado chantaje o algo por el estilo, en este caso quien ha criticado está en lo cierto y demuestra que aquella crítica tenía que hacerse.

Pero este comportamiento además revela la pequeñez política del individuo. Él podrá ser, en su actividad privada el mejor de este mundo, pero bajo el aspecto de su actividad política, de cómo despliega esta actividad, resulta un cero a la izquierda.
También nosotros, criticones, encontramos de vez en cuando alguien que nos acusa de haber tocado su valor personal, de haber hecho daño a él y a su familia, de haberlo criticado sin conocerlo para poderlo criticar, de “yo por ti he hecho algo ¿y tú que?”, intentando amilanar con “quien la hace, la paga” etc.

Es precisamente lo que ocurrió con este criticón, en casual encuentro, y de las acusaciones de las que me cargó este político. La única acusación que me preocupaba, y no poco, era la de haber atentado a su valor personal. Por ese motivo me precipité a leer todo lo que he publicado en “esta pagina de mierda que nunca leo”  a la cual, de ese modo, hacía referencia este político local.

En todo lo que escribí, ni una sola vez, encontré una acusación directa a esta persona, menos aún una mención de carácter personal. Su nombre o apellido no figuran por ningún sitio. Siempre he criticado el partido local del cual forma parte, el grupo de concejales que lo componen, el currículo que estos componentes han tenido en su carrera política, las motivaciones que movieron a cambiarse de formación política y que es de público dominio, y valorar negativamente el trabajo que realizó el grupo en la oposición afirmando que: 1) No sabían hacer oposición; 2) Su forma de hacer oposición reforzaba el partido al que ellos habían atacado fuertemente en el curso de la campaña electoral y al cual habían asegurado que se iban a enfrentar; 3) yo había alabado el momento en el cual consiguieron poner a la cuerda floja al Grupo de Gobierno, indicando que esta era la única fórmula para quitar fuerza al grupo mayoritario; 4) no seguían este sistema de oposición por antiguo rencor con su ex cabeza de lista; 5) Después de este tipo de oposición, ¿qué podían ofrecer a su electorado en la próxima campaña electoral?, ¿con qué valor iban a presentarse y con qué nueva sigla política, al considerar que los periódicos advertían de un posible nuevo cambio?

¿Dónde está, por lo tanto, el ataque a la persona, si ni una sola vez se menciona el nombre de este político?, que no nombro para no ampliar una inútil disputa, pronto siempre a sentarme alrededor de una mesa y hablar de todo esto, intentando aclarar posiciones.

Cada cual podrá visitar los mencionados artículos y sacar sus propias conclusiones. Por mi parte, y hasta que este encuentro serenamente no se realice, no voy a cambiar ni una sola palabra de lo que escribí, pidiendo disculpas, si involuntariamente he tocado aspecto personales, aunque no resulte de la revisión de lo escrito.

No me preocupan las “amenazas”. Estoy acostumbrado a llamar al pan, pan y al vino, vino. Ya otro miembro de la actual mayoría que puntualmente recibe mis críticas, ha declarado que mis artículos “no le gustan para nada”. Faltaría más. Me invitaba a un debate “cuando, como y donde yo quisiera”, debate que sigo solicitando y pero que nunca se realiza ni se realizará. Hay que anotar que al editar yo, la pequeña “La cuartilla”, invité a participar a todos los grupos políticos de la oposición, desde el comienzo, a una colaboración con esta página, para cumplir con mis ideas que la unión hace la fuerza y la desunión facilita las cosas al actual grupo de gobierno.

Como siempre lo hago con el valor político de este señor y de su grupo en el Ayuntamiento, para que todas la oposición dejen a lado desacuerdos e incomprensiones y cada cual, en su posición política, por el bien de este pueblo, se unan en acciones como la que protagonizaron en la ocasión que ofreció el tema de la basura y que apaleo muy fuertemente al Grupo Socialista.

Benito Capone