FACTORES QUE DETERMINAN LA RESPUESTA A LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO |
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Las reacciones a la pérdida de un ser querido varían grandemente entre las personas y entre uno mismo según la edad que uno tiene y las circunstancias en las que se encuentra cuando tiene estas perdidas; esto explica, al menos en parte, las diferencias que uno observa en las reacciones de las personas. Y es que hay muchas cosas que influyen en lo que sentimos ante esta tragedia. Por ello, lo que "observamos" en otros tras la muerte de un ser querido no es un buen "elemento" para juzgar la intensidad de su reacción. Hay muchas otras cosas. Se han identificado varios elementos que explican la diferencia de reacciones que tienen las personas en el caso de pérdida de seres queridos: 1. Nivel de apego al ser querido fallecido: Intensidad y calidad de la relación de amor con esa persona fallecida. Esto puede explicar, por ejemplo, el que no se sienta lo mismo por la muerte de una tía lejana que por la muerte de un hermano al que se veía todos los días. 2. Características de la muerte: La intensidad de la reacción inicial tras la muerte no es la misma si esa muerte era anunciada (anticipada, avisada, etc. por una enfermedad) que si fue súbita (de repente) por enfermedad, suicidio o violencia. 3. Nuestra personalidad: Todos poseemos personalidades distintas, distintos miedos y distintas formas de reaccionar ante sucesos angustiantes. 4. Participación en el cuidado del paciente: Si la persona estuvo enferma días o meses antes de morir, y nosotros tuvimos la oportunidad de ayudarle o acompañarle durante la enfermedad, nuestra reacción ante su muerte (muerte que probablemente ya esperábamos) puede llegar a ser menos intensa. 5. La duración de la enfermedad: Es un factor importante que puede afectar nuestra reacción a la muerte del ser querido: si la enfermedad que condujo a la muerte fue muy larga (mayor de 12 meses) es probable que afecte nuestra reacción en un sentido negativo, es decir, podrá sernos más difícil o más lento el recuperarnos; esto se debe, al menos en parte, al agotamiento que condujo un cuidado de enfermedad tan largo. Entre 6 y 12 meses de duración, es probable que no sea muy importante el efecto sobre el proceso de recuperación tras la pérdida. Menos de 6 meses se relacionan con un buen resultado del duelo; es decir, puede sernos "útil" ese cuidado para nuestro proceso de recuperación. 6. Disponibilidad de Apoyo social-familiar: Si el superviviente tiene poco o ningún apoyo social o familiar, o lo percibe como insuficiente, el proceso de recuperación puede llegar a ser muy difícil. 7. Nivel de comunicación entre nosotros y nuestros familiares o amigos y viceversa: Una reacción frecuente que tenemos cuando perdemos un ser querido es la de no "mostrarle" a otros nuestra angustia para de esta forma no angustiarles, y los otros hacen lo mismo: no se angustian para no angustiarnos. Así, lo único que logramos es "construir" un muro entre ellos y nosotros, una barrera a través de la cual "pasan algunas cosas y otras no", perdiendo de esta forma la más valiosa herramienta para poder recuperarnos: una buena comunicación, un "espacio", unas "personas" con las que podemos llorar y hablar libremente de la muerte, el dolor, la ausencia, la angustia, la falta que nos hace, etc. 8. Crisis concurrentes (problemas que suceden al mismo tiempo): Debido a que el proceso de recuperación tras la pérdida del ser querido exige el consumo de energía emocional y física de proporciones inusuales, otras crisis coincidentes (previas o nuevas), en un momento en que se dispone de muy poca, la recuperación puede ser bloqueada o aplazada para otro momento. |
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